sábado, 8 de febrero de 2014

MONTE DEL PARDO EN BUSCA DE SOSIEGO

Sábado. Me voy a pasear al monte del Pardo. Hace seis meses y seis días que ha perdido esa riqueza de idas y venidas, de permanente búsqueda entre las encinas y entre las piedras; esa dulzura de miradas cómplices. ¿Puedo ir a husmear entre aquellas matas? ¡Continúa, me quedo un momento a espiar este rastro de conejo! Hace seis meses y seis días…

En el monte del Pardo siguen creciendo el sosiego y las encinas y las palomas y las urracas y la vida. Ahora que viajo solo por el monte, converso con el silencio y el recuerdo; por eso pregunto a las urracas qué saben de las antiguas abubillas y entonces hablamos de aquellos años de mi infancia cuando Acisa se paseaba entre gorriones y golondrinas, entre urracas y abubillas, entre aguiluchos y buitres (de aquellos años de mi infancia escribiré alguna vez una historia que llamaré Las bicicletas de mi infancia porque no eren lujo de paseo sino medios de desplazamiento hasta la mina pero eso será otro día si a nadie se le ocurre adelantarse a mi idea y cierro el paréntesis invitando a que cada lector ponga los signos de puntuación que le parezca pues de ese modo la lectura dará diferentes sentidos a lo escrito por mí).

La abubilla está en peligro de extinción, me dicen las urracas. Cuando iniciamos esta conversación ya estaba yo un poco murrio por los desequilibrios económicos, la corrupción, la violencia en sus diferentes facetas, el sombrío panorama de la crisis amenaza más que las nubes de esta mañana de febrero. ¡El pesimismo no te puede hacer abandonar la lucha, riega los campos del futuro con esperanza y el mañana será más comunitario! Seguramente son las palomas quienes conversan conmigo mientras vuelan en bandadas.

Las fotografías que acompañan a este texto son antiguas y siempre estarán presentes.

Las lluvias contumaces de estos días han calado muy hondo en las praderas, el Pardo tiene muy buen drenaje y no me salgo de los caminos para mantener la ecología lo mejor que puedo. Está brotando el suelo entre las gotas acumuladas y el verde que revienta entre la hierba y las encinas. Poco a poco estoy ya donde las piedras misteriosas, el lugar donde las encinas me sobrecogen. ¡Mira que hace años y circunstancias que llevo pasando por aquí! ¡Siempre me parece la primera vez! En este momento siento que es la encina el árbol del sosiego, tanto que hasta el fuerte viento musita entre sus hojas.

Acaso el llanto domina mi espíritu…Las encinas siempre combaten esa sensación de destrucción desoladora y evaporan las penas en nieblas que se van a lugares perdidos para siempre. Entre las encinas crece la paz y el espíritu canta futuro de flores y de frutos compartidos. Aquí empleo un buen tiempo del camino –ya lo empleaba antes cuando venía en buena compañía, hace hoy seis meses y seis días… –; aquí he visto cómo se defienden las encinas, sus hojas bajas tienen más afiladas las espinas pequeñas de sus aristas, sus hojas altas son más suaves al tacto porque no necesitan rechazar a depredadores que las coman. Entre las encinas crece la esperanza y la luz y me parece que la humanidad puede vivir de otra manera más feliz y solidaria.



Comunidad y sosiego. He pasado al otro lado de la vía, está recién enjalbegado el puente. Las cárcavas que suben hasta el paso de Despeñabicicletas forma un paisaje vegetal de radiante emoción, un tren de cercanías rompe el silencio durante unos instantes; las encinas del sendero me devuelven la calma. Subo al mirador de Valpalomero, más por costumbre que por las vistas hoy reducidas entre las nubes que inician un lento llanto. Desde aquí hasta la finca del Duque del Arco mi soledad se transforma en convivencia de paseantes y ciclistas, palabras que se mezclan con silbidos del viento y con el sosiego de ocho perros entrecruzando sus juegos.

Recuerdo las palabras de Juan del Encina. “Mi libertad es sosiego…” Me han vuelto a visitar las encinas con su oleaje de mar castellano, sin guerras, sin desprecios, entre estas ramas verdes se desinfectan las heridas y vive en paz el sosiego.

Javier Agra.


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