sábado, 23 de septiembre de 2017

CASTRO VALNERA: EL DESCENSO



Estamos en la cumbre de Castro Valnera. Disfrutamos de la inmensidad de las vistas, de las lejanas tierras que nos rodean y nos entregan al mundo. Es el momento de descender.

Descender digo, que no es volver pues el camino es distinto. Tampoco es solamente concluir, nos esperan diferentes descubrimientos y complejas sensaciones que aporta la montaña a cada instante.

Los hitos nos llevan montaña abajo; las más de las veces sin necesidad de pensar el camino a seguir; de todas maneras, José María lleva toda la jornada buscando recovecos nuevos, senderos, fuentecillas escondidas, plantas diversas…José María opina que es mejor continuar de frente en un momento en que los hitos parecen indicar dos caminos en diferente dirección. Entramos en una zona de suaves llambrias humedecidas por las aguas abundosas de esta montaña cuya cresta ya quedó allá arriba. Esta caliza montaña tiene multitud de simas y oquedades de diferente nombre y consideración. 

Pasamos por una zona de profundas grietas.

Estamos pasando por una zona de profundas grietas. Parecería que la tierra quiere dividirse en rebanadas de dispersión, en estos lugares entendemos que la vieja tierra es siempre nueva y se construye a cada instante; en estos lugares vemos nuestro propio corazón que se hace nuevo con cada latido y cada mirada al horizonte.

Estamos haciendo el descenso por el sendero que es más común en la subida. Pensamos que hemos tomado una buena decisión haciendo un camino circular, ahora estamos metidos entre bellísimos valles pero la vista es más reducida, en nuestro regreso de descenso hemos perdido la perspectiva cantábrica. Una brusca bajada entre muros de piedra y un sendero junto a un alto farallón nos depositan en el Collado “de las Tres Elisas” con la Cubada Grande al fondo y su Torca del Hielo.

Esa montaña es la Cubada Grande con su Torca del Hielo.

Aumenta el calor hacia el medio día. Los montañeros se refugian en un bosquecillo de hayas al lado del sendero para beber agua y dar cuenta de la pitanza. Atrás quedan los rápidos desniveles, las diminutas y abundantes piedras que entorpecen la marcha. Aumentan las praderas, las hayas, los trinos, las rápidas lagartijas, la serenidad de los arroyos. Enseguida entraremos en el hayedo que no interrumpirá su vegetación tendida entre el sol y los montañeros. Así llegamos hasta el punto de inicio en este formidable paseo circular.

La cumbre de Castro Valnera; la inmensidad de esta montaña; el sosiego de la jornada queda impresa en el papel y en el alma.

Javier Agra.

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